CREER O REVENTAR

Artículos Todo pasa por el Índico 15 de junio de 2012

El reposicionamiento de Rusia, el declive de Estados Unidos en su rol de única potencia planetaria, y la presencia pujante de economías emergentes como China y la India, han signado al Océano Índico como un área de suma relevancia en la dinámica de la constante reconfiguración de la geopolítica global. El crecimiento vertiginoso de la región requiere la satisfacción de enormes demandas de materias primas, alimentos y energía, que deriva en un aumento fenomenal del tráfico comercial marítimo, colocando al Índico en un plano de potenciales fricciones por la accesibilidad y dominio de esas rutas. El 90% del volumen del comercio mundial se mueve por transporte naval. La mitad del tráfico de contenedores y las dos terceras partes de la producción global de petróleo se trasladan por el Océano Índico.  Además de su importancia económica intrínseca, el Índico puede definirse como una zona de confluencia e intersección de mundos tan diversos como el Este de África, el Oriente Medio, Irán, la península del Indostán, el Sudeste y el Este Asiático. La adición de EEUU como actor extraregional, y la irrupción de la Federación Rusa y los países de Asia Central, a través de Irán, consolidan al escenario Océano Índico como un  plano de definida conflictividad global.

Utilizando su fortaleza como mayor productor mundial de combustibles, Rusia pretende recuperar su rol de gran potencia y volver a incidir en escenarios de donde fuera desplazada como consecuencia del colapso de la URSS. En el desarrollo de esa estrategia, la reconstrucción de vínculos con Irán y los países de África, la conduce nuevamente como actor relevante al área del Índico. Irán actúa como un espacio geográfico que rompe el “cordón sanitario” que EEUU pretende construir, desde los países de Europa del Este hasta el sur de Asia Central (Plan Anaconda), con el propósito de imposibilitar a Rusia el despliegue hacia el Sur, y la salida al Océano Índico.

La decisión de Irán de promover un desarrollo nacional independiente la enfrenta a EEUU y sus aliados en la región, quienes pretenden imponer un cambio político interno, que les permitiría la cooptación de su gobierno y el control de su territorio. Ante este cuadro de situación, la diplomacia iraní ha tejido un conjunto coherente de relaciones económicas y militares. Ha suscrito en materia comercial acuerdos con China, se ha dotado de equipamiento militar ruso para su defensa, y ha iniciado un acercamiento en materia de cooperación en distintos asuntos con la India, Pakistán y Afganistán. Todas estas iniciativas procuran neutralizar los esfuerzos de Washington para aislar a Irán de la región. Los recursos energéticos, que representan el 11% de las reservas mundiales de petróleo y el 16% de gas, y su particular ubicación geográfica, permiten a Irán jugar un rol clave y ser una pieza  insoslayable en el panorama geopolítico de la región.

Por su parte, la India considera a la República Islámica como un socio estratégico en materia energética. Actualmente, ambos países trabajan en un acuerdo de cooperación para el desarrollo de un gasoducto que partiendo del yacimiento de South Pars, el más grande del mundo, se extenderá a la India a través de Pakistán. Este proyecto implica la necesaria participación de Pakistán, en un rol de cooperación económica y mutuo beneficio junto a la India, lo que podría marcar el inicio de un proceso de superación de sus históricas tensiones.

Desde comienzos de los 90’, el vertiginoso crecimiento económico de República Popular China, significó el aumento de la demanda energética y la pérdida del autoabastecimiento hidrocarburifico, dando comienzo a una creciente recurrencia de provisión externa. Más del 80% de sus suministros de energía circulan por el Océano Índico y a través del estrecho de Malaca. El asegurar el tráfico de esas  rutas marítimas y el posicionamiento en puertos del Índico, cuyo control ofrece bases a la proyección de la armada china, se constituyó en una cuestión vital y estratégica. Esa necesidad de abastecimiento, condujo a un desarrollo y fortalecimiento de las relaciones económicas y políticas con Irán, y a la firma de acuerdos para el aprovisionamiento de hidrocarburos en las próximas décadas. Las compañías chinas en Irán participan en proyectos de exploración y explotación de yacimientos de gas y petróleo, de desarrollo de industria petroquímica, y el tendido de ductos. Las inversiones de la República Popular en el sector superan los 40 mil millones de dólares. Los iraníes se han convertido en garantes estratégicos del abastecimiento energético de China.

En un marco de comunes dificultades para el logro de la seguridad energética, las relaciones entre Beijing y Nueva Delhi, se han trasladado desde un plano, que en el pasado fuera de desconfianza y de competencia, a uno nuevo de creciente cooperación. Las políticas externas de ambas potencias evidencian actualmente un elevado nivel de conciencia sobre sus responsabilidades en el desarrollo pacífico del área. No obstante, sigue siendo imperativo para la India desarrollar su capacidad militar naval para mantener su rol en el equilibrio de poder en el Océano Índico. La cooperación existente entre China e India se dan en función de una visión convergente sobre un orden mundial multicéntrico, en contraposición a la visión hegemónica norteamericana. Sus intenciones de desempeñar un papel de importancia en el mundo global se sustentan en principios de responsabilidad compartida y defensa del multilateralismo. India ha utilizado con habilidad su relación con EEUU y China, tratando de mantener un delicado equilibrio que le permita proteger sus intereses en el subcontinente y en el Océano Índico. Ese equilibrio, Nueva Delhi lo opera como elemento permisivo y amplificador de su autonomía, resultando de esa manera beneficiaria de la competencia entre EEUU y China.

La confluencia de líneas de defensas de intereses globales en el área del Índico determina un escenario donde se representa la complejidad de un mundo crecientemente multipolar. En esa representación, parece albergarse el eje de gravedad de la geopolítica del siglo XXI.

 

9 Comments

  1. maria angelica dice:

    muy bueno, son temas que no se leen en ningun lado besos

  2. Octavio dice:

    Bueno, el Índico fue durante casi toda la historia de la Humanidad el mar más importante. Hasta el siglo XVX Europa estaba marginada de esa región y miraba desde afuera las riquezas que se movían allí. Luego los Europeos lo controlaron mediante una combinación de agresiva diplomacia y piratería. Ahora sería bueno que vuelva a quedarse afuera.

  3. pepe raya dice:

    la barreras fitosanitarias americanas viene impidiendo hace mas de 2 decadas el ingresos de citricos a EEUU . Parelelo a ello se abrio el mercado Ruso que paulatinamente no esta abriendo el mercado asiatico . El limon en mi ciudad da mas de 10000 empleos directos e indirectos

  4. Miguel Ignacio Mom Debussy dice:

    Muy buen artículo, Pineau. Desde la Argentina y la comunidad latinoamericana debemos contextualizarnos en lo geopolítico. Mucho más cuando se está dando un cambio de paradigma en la región (y en el mundo, claro).

  5. Miguel Ignacio Mom Debussy dice:

    ¡Bué! La Revolución Cultural china y el maoísmo terminaron hace rato. El sol sigue y, en todo caso, se está dando en China una “revolución cultural” inversa a la que pretendía Mao Tsé Tung (¿O tengo que escribir al uso “Mao Tse Dong” de la intelligenzia de moda?)

  6. maria angélica dice:

    excelente, vuelto a leer exccelente e inédito

  7. maria angélica dice:

    muy bueno

  8. maria angélica dice:

    excelente

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