CREER O REVENTAR

Artículos No CELAC vieron venir 29 de enero de 2013

El segundo encuentro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), realizado en Santiago de Chile este último fin de semana, conjuntamente con la Unión Europea (UE), marca la creciente relevancia que adquiere la región para los países centrales en un contexto de crisis del sistema capitalista a escala global.

El centro del debate entre los países de la CELAC y la UE se inscribió en el propósito, empujado principalmente por los europeos, de lograr un acuerdo de libre comercio entre los dos bloques. Frente a la crisis que el viejo continente está atravesando surgen necesidades de nuevos mercados, y es allí donde Latinoamérica aparece como un destino apetecible.

Se planteó, desde la EU, la necesidad de levantar las barreras comerciales y proteger la “seguridad jurídica” de las inversiones. Argentina, en acuerdo con los países del ALBA (Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba), y como resultado de la bilateral realizada entre Dilma Rousseff y Cristina Kirchner, argumentó la necesidad de rediscutir las condiciones y ventajas de ese acuerdo de libre comercio, poniendo sobre la mesa el tema de las políticas proteccionistas de la EU sobre la producción agrícola y las condiciones asimétricas de desarrollo, pateando de esta forma la cuestión para fines de 2013.

Un nuevo escenario se ha venido configurando en el hemisferio americano con la conformación de la CELAC que integra a todos los países del continente, excluyendo a Estados Unidos y Canadá. Como dato de época en esta cumbre, Cuba, la isla aún bloqueada económicamente, ha sido designada en la presidencia pro témpore del organismo.

Desde finales de las guerras por la independencia del Imperio Español la historia de la concepción política latinoamericanista tiene epicentro en el Congreso de Panamá de 1826, que significó un primer intento de gobierno supranacional, para la construcción de una “Liga Hispanoamericana”, condensada en el pensamiento de Simón Bolívar. Se argumentaba que la integración debía sostenerse a partir de las ex colonias españolas, señalando que las partes poseían intereses análogos y similares características, como la religión y su lengua. Estas premisas básicas dejaban a un lado a la América sajona y lusitana.

La finalidad de este proyecto integrador era construir un freno a las pretensiones expansionistas  norteamericanas. Existía el temor de una posible desintegración de la sociedad hispanoamericana y el propósito era sustituir el nacionalismo localista por un gran nacionalismo a escala regional, que alcanzaría a proteger a la hermandad hispanoamericana de potencias y culturas extranjeras, tanto de Europa como de Estados Unidos.

Los objetivos políticos del congreso quedaron totalmente desvirtuados. El curso de los intereses divergentes terminó por desmantelar los planes de organización, arrojando como resultado la balcanización y el desmembramiento de los estados del sur. La muerte de Bolívar sellará el inicio de un nuevo periodo, logrando así el progreso de la Doctrina Monroe (1823), que representó las pretensiones hegemónicas de Estados Unidos a lo largo del siglo XIX sobre el continente.

Debemos interpretar la Doctrina Monroe como una declaración unilateral con proyección hemisférica, una estrategia a los efectos de evitar cualquier avance europeo sobre el continente americano, principalmente del Reino Unido.

Posterior a la segunda guerra mundial, en el contexto de posguerra, con el declive del Imperio Británico, Estados Unidos logra avanzar con su propuesta panamericanista. A partir de 1947 se firma el “Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca” (TIAR), y luego en 1948, la “Carta de la Organización de Estados Americanos” (OEA). Estos dos acuerdos constituyeron los pilares del sistema organizativo actual. De esta manera, la OEA representaba el triunfo del monroísmo, a partir del panamericanismo, sobre la concepción latinoamericanista bolivariana.

Este organismo era consecuente con los tiempos de la guerra fría, representativo de la bipolaridad. Los países latinoamericanos se incorporaban a la Alianza Occidental bajo la órbita de los Estados Unidos.

Con la creación de la UNASUR, y posteriormente la constitución de la CELAC, la OEA ha quedado algo marginada como ámbito de resolución de los asuntos regionales, siendo esta representante de un cuadro que no corresponde a estos tiempos, una organización gestada a la necesidad y semejanza de la Doctrina Monroe y al sistema internacional de carácter bipolar.

En la actualidad, la voluntad de integración de los países de América Latina y el Caribe cobra una mayor fuerza, permitiendo repensar la inserción de la región al sistema mundial, desde una perspectiva diferente, acorde a este cambio de época, signado por la transición a un mundo pluricéntrico.

One Comment

  1. Luis Valsecchi dice:

    Tanto la CELAC como la UNASUR, nos coloca de diferente manera a como nos posicionabamos antes frente a latinoamerica, ahora como miembros de una historia comun , diferente a la anterior mirada de menosprecio hacia los paises hermanos, fruto de los gobiernos mesquinos y de derecha que supimos tener.
    Este bloque debe tener algunas cosas en cuenta, primero buscar nuevos aliados. Rusia, India y paises de medio oriente, caso de Iran.
    Estos nuevos aliados o amigos, no deben serlo solo para el intercambio comercial y cultural , sino tambien en lo referente a estrategias globales y requipamiento armamentistico. Creo que a esta altura no hace falta entender que las potencias occidentales vienen por los recursos de todo el mundo , no solo los de medio oriente y Africa.

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