CREER O REVENTAR

Artículos Venezuela, cuestión regional 1 de junio de 2013

A partir del ajustado triunfo de Nicolás Maduro, en las elecciones presidenciales realizadas el 14 de abril, la Revolución Bolivariana enfrenta duros desafíos: debe consolidar el control político del país y su gobernabilidad frente a las agresiones desde adentro y afuera, y al mismo tiempo atender las contradicciones propias de la revolución, construyendo un nuevo liderazgo y logrando mayor eficiencia en sus políticas sociales y económicas.

En el transcurso del mismo día de las elecciones, el vice-presidente Jorge Arreaza informó la decisión de cortar por unos minutos el servicio de Internet en todo el país ya que se había detectado un ataque cibernético desde el exterior, concretamente desde Bogotá. La cuenta de Twitter de Nicolás Maduro se encontraba hackeada, y el gobierno temía una infiltración de los sitios oficiales de la Web.

Arreaza aseguró que los cómputos del Centro Nacional Electoral (CNE), dado que se trasmiten por redes alternativas de alta seguridad, no podrían ser objeto de ataque. Sobre esta situación, luego del 14 de abril, el gobierno no volvió a brindar información alguna. Venezuela siempre se jactó de tener un sistema electoral de absoluta confianza, que ha recibido reconocimientos de diverso origen, incluso de organizaciones no gubernamentales como el Centro Carter. Admitir que ese sistema podía haber sido vulnerado, hubiera mostrado un signo importante de debilidad. Sin embargo, algunas fuentes sostienen que el CNE pudo si ser alcanzado por ese ataque cibernético. En la semana anterior a las elecciones, todas las consultoras, sin excepción, median diferencias de 10 al 15% a favor de Maduro, diferencias que se esfumaron en el día de los comicios.

Desde el mismo momento en el que se divulgaron los resultados, la oposición encabezada por Henrique Capriles se negó a reconocer el triunfo de Maduro, denunciando la existencia de fraude. Curioso fraude de sólo 1,5% de diferencia. La Mesa de Unidad Democrática (MUD) intentó presentar “pruebas” sobre una supuesta falsificación de cómputos, a pesar de que la totalidad de los fiscales de mesa del frente opositor no habían objetado y certificaron con su firma cada acta.

Esto ocurría en un contexto internacional donde las principales cadenas de medios, CNN, The Washington Post, Miami Herald, Diario El Mundo y El País de España, cuestionaban la legitimidad del gobierno electo, y daban comienzo a una campaña sistemática de desprestigio con el fin de desestabilizarlo.

Diputados de la oposición recorrieron países de América Latina procurando, sin ningún éxito, el desconocimiento del nuevo gobierno. Actualmente, Estados Unidos es el único país en el mundo que no ha expresado aún su reconocimiento formal. Por su parte, la República Popular China y la Federación Rusa se apresuraron a manifestar sus saludos y buenos deseos a Nicolás Maduro.

El recibimiento que el presidente Santos brindó a Henrique Capriles, esta semana en Bogotá, marca un punto de inflexión en las relaciones de Colombia con Venezuela, y de su posicionamiento en el tablero suramericano. Esa reunión tuvo lugar a poco más de una semana de la gira por la región de Joe Biden, vicepresidente de EEUU, y su asistencia a la VII Cumbre de la Alianza del Pacífico, realizada el 23 de mayo en la ciudad de Cali, Colombia. Allí asistieron Juan Manuel Santos, Sebastián Piñera, de Chile, Enrique Peña Nieto, de México y Ollanta Humala, del Perú. Todo esto parecería inscribirse en un nuevo intento del Departamento de Estado por articular iniciativas políticas propias en el sur del continente.

La actitud del presidente colombiano provocó el inmediato rechazo de Nicolás Maduro. Venezuela denunció que ese acto viola el acuerdo de Santa Marta de 2010, entre Hugo Chávez y Santos, donde a partir de la gestión de Néstor Kirchner, entonces secretario general de la UNASUR, se llegó a un entendimiento que puso fin a una larga serie de conflictos suscitados durante la presidencia de Álvaro Uribe.

Mientras el ex candidato opositor ha acometido la tarea de buscar aliados externos e internos para degastar al gobierno bolivariano, Nicolás Maduro comienza una gestión signada por la necesidad de consolidar la continuidad de la revolución.

La relativa baja performance electoral, y la ausencia del líder carismático, han sacado a la superficie con mayor nitidez contradicciones ya existentes. En el PSUV y los partidos aliados, en los movimientos sociales y en los círculos intelectuales chavistas, comenzaron debates de diversa temática que hacen a los objetivos, la dirección y la marcha de la revolución.

Obviamente, la discusión sobre el resultado electoral de abril surgió inmediatamente como un eje principal.  El chavismo se cuestiona que la mayor ausencia de electores se haya registrado en los sectores de menores recursos, y que en muchos casos, votantes de esa extracción social hayan optado por la oposición. Por otro lado, también se señala la pérdida de apoyo de sectores medios que en la elección de octubre de 2012 habían optado por Hugo Chávez. En este sentido, se considera que la brusca devaluación monetaria del mes febrero, y sus consecuencias, desalentó ese acompañamiento.

La relación de Nicolás Maduro con Diosdado Cabello, Presidente de la Asamblea Nacional, pareció enfriarse desde que empezara a evidenciarse la imposibilidad de restablecimiento de la salud de Hugo Chávez. Apoyándose en este punto, hace pocas semanas, la MUD hizo público una grabación de audio en donde supuestamente Mario Silva (Conductor del popular programa de TV “La Hojilla”) y un militar cubano mantendrían una conversación sobre la existencia de una creciente virulencia en los enfrentamientos dentro del chavismo. Esto fue desmentido rápidamente por Mario Silva, calificando de apócrifa esa grabación.

Como inicio de mandato, Nicolás Maduro tomó dos decisiones que hacen a la preservación y profundización del proyecto revolucionario y a su relación con el pueblo. En primer lugar, el lanzamiento del “Gobierno de Calle”, idea originaria de Hugo Chávez para el comienzo de su tercer periodo, que consiste en la movilización del ejecutivo nacional recorriendo el país y tomando contacto directo con las necesidades, reclamos y problemáticas a nivel de las organizaciones de base, los Consejos Comunales. Por otro lado, se decidió el despliegue de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y las milicias en todo el territorio, con el objetivo de lograr mayores niveles de seguridad y brindar apoyo a las policías locales. El “Plan Patria Segura” permite simultáneamente prevenir el accionar de elementos violentos que atenten contra la estabilidad política. Esto último, en momentos en que se combinan el acaparamiento de alimentos, el sabotaje del sistema eléctrico, el accionar de bandas armadas y la amenaza de intervención de paramilitares en zonas fronterizas.

No es sencilla la tarea que les ha tocado a los denominados “Hijos de Chávez”. Luego de la muerte del Comandante, líder insustituible y factor de cohesión, el desarrollo del proceso revolucionario dependerá del éxito en la construcción de una conducción colectiva cívico-militar. La suerte de los cambios originados en la última década en Suramérica está ligada, en gran medida, al destino de la Revolución Bolivariana, a la que razones políticas, económicas y geográficas colocan en primera línea.

One Comment

  1. Gustavo dice:

    El único comentario que se me ocurre válido es que Estados Unidos ejercerá su hegemonía una vez más, con objeto de doblegar los pueblos libres. Entre los cuales se cuentan algunos países ya “colonizados” y decididamente pro yanquis, tal el caso de México, Colombia, Perú, Paraguay, Chile y algún que otro “vecino” sospechoso de andar por estas tierras latinas con un disfraz de Patria Grande que no se creen ni ellos mismos, tal el caso de Uruguay.
    Espero ansioso la incorporación de Ecuador al Mercosur, a la Unasur, y que con la mayor eficiencia posible se conforme un bloque de resistencia económica, política, cultural, y si es necesario, también militar, para impedir que EE.UU. mediante sus eternos ardides (acusaciones de proteger terroristas, fomentar el narcotráfico, poseer armas de destrucción masiva, etc), pongan un solo marine en los países que hemos decidido elegir nuestro destino y nuestro sistema de gobierno.
    Viva Chávez, Viva Néstor, Viva Fidel, Viva Correa, Viva Evo, Viva Dilma, Viva Cristina, viva la Patria grande !!

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