CREER O REVENTAR

Artículos Modelo y restricción externa 18 de octubre de 2013

En un año de duro enfrentamiento político-electoral, Argentina se debate en la búsqueda de caminos alternativos al proceso de desaceleración del crecimiento económico que parece dominar el horizonte actual de los países emergentes.

El contexto internacional se presenta con un alto grado de complejidad. La crisis sigue azotando a la zona euro, que sin embargo ha logrado por primera vez en dieciocho meses alcanzar una tasa de crecimiento positiva de apenas 1,2%. Una mejora tardía y lenta, marcada por una manifiesta depresión de la demanda, afectada por el desempleo y las políticas de ajuste.

El incipiente despegue de la economía de los Estados Unidos, fogoneado por una constante emisión monetaria de la Reserva Federal y el mantenimiento de las tasas de interés a nivel cero, se ve afectado por la crisis política, la paralización de los organismos de gobierno y la incertidumbre que todo ello genera.

El desarrollo de los mercados emergentes, en su conjunto, se sitúa muy por debajo de los niveles de 2010. Los tres de mayor magnitud, China, India, y Rusia, son precisamente los que sufren una mayor desaceleración en la marcha de sus economías. Las características políticas propias, sin mayor apego a los principios de libre mercado,  les ha permitido iniciar un giro que asigna una mayor relevancia al mercado interno como factor de crecimiento.

En nuestra región, la situación de Brasil es de particular relevancia. Luego de un bajo crecimiento de 0,9% en 2012, la perspectiva para 2013 se sitúa en un 2%, los indicadores más bajos en la década exceptuando 2009. Esa declinación del principal receptor de las exportaciones Argentinas, afectó muy negativamente nuestra propia tasa de crecimiento en el año anterior, y obligó a la toma de drásticas medidas de protección y aseguramiento del superávit de la balanza comercial. La persistencia de los sectores de la ortodoxia económica de Brasil, en la aplicación de políticas de metas de inflación, genera incertidumbre sobre el comportamiento de ese mercado respecto de nuestras exportaciones.

Las políticas de metas de inflación conllevan a la suba de las tasas de interés, el encarecimiento del crédito, el desaliento al consumo y la reducción del gasto público, lo que vulgarmente se conoce como “enfriar la economía”.

La Argentina viene desarrollando un modelo que permitió la salida de la crisis de 2001-2002, basado en la recuperación de la demanda interna, la expansión de las exportaciones y el inicio de un proceso de industrialización y sustitución de importaciones sin afectar la balanza comercial. La industria se consolidó como uno de los sectores más dinámico de la economía, creciendo por encima del nivel general de la actividad y transformándose en el sector de mayor generación de empleo.

La política de desarrollo industrial determinó una tendencia creciente de importación de insumos y bienes de capital, esmerilando paulatinamente el superávit comercial, situación que se agudiza en 2012 como consecuencia de la recesión en Brasil, que redujo el flujo de nuestras exportaciones hacia ese mercado.

Las corridas cambiarias a lo largo de 2011, en pleno proceso electoral, dirigidas a lograr una maxidevaluación, fueron contrarrestadas desde el día posterior al comicio con la instauración de férreas normas de control sobre el mercado cambiario. Paralelamente, la adopción de medidas defensivas del superávit de la balanza comercial llevaron a profundizar la intervención estatal sobre el comercio exterior, se extendieron las barreras paraarancelarias y se aumentó la presión sobre el sector privado instándolo a exportar por montos similares a sus importaciones. La limitación a la remisión de utilidades al exterior fue un elemento que colaboró en el objetivo de preservar el nivel de reservas.

La secuencia anterior es una respuesta a la situación planteada en un escenario de fuerte restricción externa (falta de divisas). No es la primera vez que sucede en la historia económica argentina, sino que ha sido una constante en cada uno de los intentos de desarrollo de procesos de industrialización.

La resolución de esta coyuntura puede ser abordada desde visiones que responden a diferentes intereses. Desde el empresariado agroexportador y los sectores que dominan la Unión Industrial Argentina (UIA), las presiones para una devaluación han sido constantes, persiguiendo una brusca transferencia de ingresos y la generación de una baja general de salarios, que permitiría el aumento de competitividad de los bienes de exportación. Desde el sector de la banca, asociada a los intereses del capital financiero, se propone la vuelta al mercado de capitales y al endeudamiento externo.

Mientras tanto, el gobierno nacional, se inclina por una política de búsqueda de caminos alternativos soberanos. En esta tarea se viene operando en diferentes escalas.

Se ha iniciado lo que podríamos llamar una serie focalizada de negociaciones. Se busca que actores empresariales nacionales ingresen de divisas mediante la compra de bonos BAADE (Bono Argentino de Ahorro para el Desarrollo Económico). Así es como el Grupo Bridas y Eduardo Eurnekián aportaran 500 millones de dólares cada uno. Por su parte, las grandes exportadoras de cereales se comprometieron a liquidar 600 millones de dólares durante el  transcurso de este mes y otros 2.000 millones en lo que va del año.

En la relación de Argentina con el Banco Mundial (BM), la no renovación de créditos por oposición de EEUU y países europeos, venía generando una salida neta de divisas de 1.000 millones de dólares anuales, en concepto de pago de amortización de créditos ya utilizados. La negociación con empresas con las que se mantenían litigios en el Ciadi (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones), herencia de las privatizaciones de la década de los noventa, permite una quita considerable (25%) sobre los montos reclamados y destraba el otorgamiento de nuevos créditos del BM a tasas blandas por 3.000 millones de dólares. El pago a los litigantes en el Ciadi se difiere mediante la emisión de bonos, y al mismo tiempo se logra neutralizar la salida neta de divisas por el pago de deuda al BM.

En el marco de la denominada relación Sur-Sur, el Banco Central de la República  Argentina negocia un préstamo de 10.000 millones de dólares con la República Popular China, destinado a apuntalar la posición en reservas internacionales. Este acuerdo con uno de nuestros socios estratégicos, rompe la tradición de dependencia de los grandes centros y organismos financieros internacionales.

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