CREER O REVENTAR

Artículos La nueva geopolítica del petróleo 12 de octubre de 2015

En el escenario de un orden internacional caracterizado por la gran interdependencia en el desarrollo de la actividad económica, el devenir del mercado mundial de hidrocarburos constituye uno de los componentes primordiales para el análisis de la geopolítica energética a nivel global.

La creciente demanda de recursos energéticos y la satisfacción de esos requerimientos ocupan un lugar preferencial en la agenda global de los países, condicionando la viabilidad de su desarrollo. Esta situación lleva a que el control de los recursos energéticos se haya convertido en causa principal de enfrentamientos y conflictos y en factor determinante de definición en las relaciones de poder.

El petróleo sigue siendo la fuente energética de mayor relevancia desde comienzos del siglo XX y el crecimiento de su demanda ha sido incluso más veloz que el crecimiento del consumo total de energía, permanece como la fuente energética más utilizada y las previsiones indican que continuará siéndolo en el futuro e incluso aumentará su participación.

La obtención de fuentes seguras de energía es objeto común de preocupación tanto en las economías altamente desarrolladas como en la periferia, y es justamente ponderado su grado de importancia para la seguridad nacional. La soberanía energética se relaciona, cada vez en forma más estrecha, con el diseño de la política exterior y los alineamientos que ella determina.

La seguridad de satisfacción de las necesidades energéticas de los actores, ocupa un lugar preponderante en un contexto internacional donde, con diferenciados objetivos, se exponen visiones y argumentos acerca de la necesidad de conformar un “nuevo orden mundial” que, atendiendo la ruptura de hecho de la unipolaridad de la posguerra fría, conforme un nuevo escenario de relaciones internacionales basado en el reconocimiento de la presencia de una realidad multipolar y la necesidad de lograr un equilibrio que permita la estabilidad del sistema.

El mercado petrolero experimenta una creciente demanda por parte de los países desarrollados (EEUU, Japón y Europa occidental), a los que se han agregado, a comienzos del siglo, grandes centros de consumo de países “emergentes” como China e India.

En términos de consumo, las previsiones totales mundiales para 2015 de la AIE (Agencia Internacional de Energía) alcanzan los 93 millones de barriles por día. Con datos de 2012, EEUU sigue siendo el principal demandante mundial de petróleo con 18.500 millones de barriles diarios, le sigue la República Popular China con más de 10.000 millones, Japón con 4.700, India con 3.600, la Federación Rusa con 3.200 millones. Estos cinco países, que se sitúan por sobre una demanda de 3.000 millones de barriles diarios, reúnen más del 40% de la demanda global. De ese volumen, la mitad corresponde a EEUU y más de un tercio a los emergentes China, India y Rusia. El crecimiento económico actual se desarrolla bajo pautas que lo anclan a un uso intensivo de energía, y en particular de energía proveniente de hidrocarburos, permitiendo prever un aumento constante de la demanda global.

Ese aumento de demanda tiene lugar dentro de un mercado sumamente dinámico y cambiante. El descubrimiento de grandes yacimientos convencionales y no convencionales, tanto de petróleo como de gas, en áreas diferentes a las tradicionales de producción, y el desarrollo de nuevas tecnologías para su explotación, alteran ineludiblemente el escenario y mueven las piezas del equilibrio económico y geopolítico.

Las mayores reservas de petróleo registradas a nivel mundial se encuentran en el Oriente Medio, destacándose Arabia Saudita como el primer productor y exportador. Sin embargo, se han producido algunos cambios sustanciales derivados del incremento de las reservas convencionales comprobadas en Suramérica. Venezuela ha pasado a ser el país con las mayores reservas probadas de crudo convencional, con más de 296.000 millones de barriles, superando a Arabia Saudita a la que la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) reconoce existencias cercanas a 265.000 millones de barriles. También Brasil ha aumentado notablemente sus propias reservas luego del descubrimiento de yacimientos off-shore en su plataforma continental. A su vez, se han descubierto grandes yacimientos de petróleo no convencional en EEUU, China, Canadá y Argentina. El desarrollo tecnológico y el abaratamiento de las técnicas de fracking contribuyen a posibilitar esas explotaciones, aunque la presente caída en el precio del petróleo afecta su rentabilidad y cuestiona, al menos transitoriamente, su viabilidad económica.

A pesar de la existencia de grandes productores de hidrocarburos fuera de la región de Medio Oriente, el mercado petrolero continúa manteniendo una fuerte dependencia respecto a un reducido número de estados de esa región, que poseyendo la mayor capacidad de producción y oferta pueden determinar la fijación del precio del crudo. La inestabilidad política de estos países y su vulnerabilidad externa, son factores negativos que contribuyen a perturbar las condiciones en que se desenvuelve el mercado del crudo, y pueden llevar a contingencias que alteren o interrumpan el normal suministro. De todas maneras, en el corto y mediano plazo, es previsible que esta región mantenga su posición de principal fuente de abastecimiento de la demanda mundial.

En lo que respecta a la regulación de la producción y la determinación del precio del crudo, la mayor capacidad de juego continuara siendo detentada por la alianza de EEUU y Arabia Saudita, este último indiscutible principal productor del planeta con un bombeo por encima de los 8 millones de barriles diarios, y cabeza de la OPEP. El área mantendrá entonces su singular importancia geopolítica y, posiblemente, continúe  siendo escenario de agudos conflictos y enfrentamientos por el control de los mercados hidrocarburificos y gasíferos.

La Agencia Internacional de Energía (AIE) prevé en términos mundiales de consumo para el 2015, una demanda que alcanzará los 93 millones de barriles por día. Con datos de 2012, dentro de ese total, EE.UU. sigue siendo el principal consumidor mundial de petróleo con 18.500 millones de barriles diarios, le sigue la República Popular China con más de 10.000 millones, Japón con 4.700, India con 3.600 y la Federación Rusa con 3.200 millones. Las pautas del crecimiento económico actual, anclado a un uso intensivo de energía y en particular de energía proveniente de hidrocarburos, permiten prever un aumento constante de esa demanda global.

Parte intrínseca de la conformación del mercado del crudo es el transporte desde las áreas de producción a las destilerías de los grandes mercados de consumo. Las alteraciones en las condiciones de navegación o de transitabilidad de las rutas y de la capacidad de volúmenes a movilizar, producen indefectiblemente cambios en las modalidades y tecnologías de transporte, e influyen a través de los costos de fletes en el precio final.

La necesidad de posibilitar el flujo constante del abastecimiento coloca en primer plano la seguridad de las rutas marítimas por donde transitan los grandes buques petroleros, y las terrestres por donde pasan o se proyectan oleoductos y gasoductos. La velocidad y los bajos costos operativos de los ductos los convierte en un modo de transporte de sumo interés para las principales potencias industriales, obteniendo los países de tránsito importantes rentas y particular influencia potencial respecto al control del flujo de energía. El cuidado de la seguridad en las rutas de transporte de crudo agrega tensiones adicionales o principales entre los países productores, los grandes consumidores y los países de tránsito. Las situaciones planteadas en Siria en el Mediterráneo Oriental y de Ucrania/Crimea en el Mar Negro, en pleno desarrollo, son ilustrativas al respecto.

Desde Asia Central hasta la región del Cáucaso, y desde el Mediterráneo Oriental al Cuerno de África, el Índico, el estrecho de Malaca, y el Mar de la China, la cuestión de la seguridad de transporte y abastecimiento ha hecho surgir desde finales del 2001 una red de instalaciones militares y el despliegue de medios navales. Esta red se extiende a los países que son, o bien ricos en gas o petróleo o cuya importancia es crucial para el transporte de recursos energéticos hacia los mercados mundiales.

En materia de uso de fuentes alternativas de energía, Europa occidental es la región donde se registra la mayor actividad en torno al desarrollo de tecnologías y su aplicación productiva. La ausencia de fuentes propias de producción de petróleo, salvo los yacimientos del Mar del Norte, las incertidumbres asociadas a la dependencia de mercados energéticos sobre los que no ejerce mayor control, las consecuencias ambientales del uso intensivo de combustibles fósiles, ha colocado a las fuentes renovables de energía —eólica, solar, hidroeléctrica, oceánica, geotérmica, de la biomasa y de los biocarburantes— como alternativas a los combustibles fósiles, contribuyendo  a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y a diversificar la matriz de suministro energético.

La Unión Europea (UE) desde su posición de liderazgo en el ámbito de las tecnologías de energías renovables, posee el 40 % de las patentes mundiales respectivas y prácticamente la mitad (un 44 % en 2012) de la capacidad mundial de producción de electricidad renovable (sin contar la energía hidroeléctrica). Como consecuencia, son empresas europeas las mayores desarrolladoras de tecnología y fabricantes de aerogeneradores.

Desde el punto de vista geoestratégico, el aumento de la competencia entre los tradicionales y principales consumidores de energía –EEUU, Europa y Japón– y los nuevos “big” del consumo energético mundial –China e India en primer plano– para asegurarse un acceso estable a la energía está convirtiéndose en un tema ligado más a la seguridad de estos Estados y no tanto a su desarrollo económico. Aunque la cuestión tiene antecedentes de larga data, es hacia finales del siglo XX que se evidencia con mayor claridad y a escala global la relación entre la existencia de petróleo y la conformación de escenarios donde se desarrollan conflictos bélicos o potencialmente bélicos. Esta condicionalidad afecta en particular a los estados de Medio Oriente que se conformaron sobre los restos del Imperio Otomano y cuyas fronteras fueron delineadas por acción y acuerdo entre las potencias hegemónicas de la época, Francia y el Reino Unido.

La creciente demanda de petróleo por parte de China y en general de toda el área Asia-Pacifico ha alterado de manera significativa el mapa geopolítico en esa extensa región.

EEUU, la Unión Europea, Japón y China, dependen en gran medida del suministro de petróleo proveniente de medio oriente y de la seguridad de las rutas de transporte. Rusia, como principal productor, queda exceptuado de esa dependencia, pero sus históricos intereses geoestratégicos en el Asia Central y especialmente en la cuenca del Caspio, que conforman el flanco sur de su amplia geografía, se ven necesariamente extendidos a Medio Oriente, el Mediterráneo Oriental, y el Océano Indico, áreas donde a partir de su resurgimiento económico, político y militar ha renovado una activa presencia.

En este contexto descripto, resultará de extraordinaria importancia el papel que decida desempeñar EEUU en la principal región de producción de crudo. Siendo el país que concentra el mayor poderío militar y económico del actual sistema internacional, las políticas que implemente y la forma en que persiga la satisfacción de sus objetivos en cuanto a seguridad energética y exterior, definirán finalmente las características del juego de poder en toda la región de Oriente Medio y Eurasia y su incidencia en el mercado petrolero global.

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