CREER O REVENTAR

Artículos Estanflación, salario y empleo 7 de marzo de 2016

Observamos que el escenario estanflacionario, que advertimos a comienzos de este año, comienza a consolidarse a medida que nos acercamos al primer trimestre de gobierno del presidente Mauricio Macri. Lejos ya de los pronósticos y las especulaciones, la contracción de la actividad económica y la tendencia marcadamente ascendente de la inflación pasa a ser un hecho irrebatible.                                                                                                                                  

En este contexto, podemos advertir que las distintas problemáticas que se suceden en materia económica ocasionan graves consecuencias sobre el mercado laboral, en la capacidad adquisitiva de los salarios y en el empleo.

Debemos poner el foco sobre el tipo de cambio y su última escalada en el transcurso de estas últimas semanas del mes de febrero. El proceso de devaluatorio no ha culminado, y eso puede constatarse a partir de los movimientos generados en el mercado cambiario.

Los sectores exportadores, principalmente las empresas cerealeras, no han cumplido lo pactado con el gobierno nacional en lo que refiere a la liquidación de cereales, y de esa manera alientan las expectativas de un dólar mayor a 16 pesos para finales del mes de marzo, comienzo del periodo de desembolso de la cosecha gruesa. El complejo agroexportador no se siente satisfecho con el valor de la divisa y puja a la misma al alza.

La tensión cambiaria ha despertado para el transcurso de este mes que comienza nuevas remarcaciones en los precios internos, principalmente en los artículos de la canasta básica de alimentos. Las consultoras privadas, como los indicadores de precios legitimados por la administración nacional (IPC-CABA / IPC-San Luis), advierten una inflación promedio para el mes de febrero de alrededor del 4%, con una expectativa mayor para el mes de marzo, a partir de la suba de tarifas de los servicios de luz y prontamente de trasporte de pasajeros.

El salario real promedio se encuentra cada vez más deteriorado y esto se manifiesta en la caída de las ventas en los supermercados y en distintos comercios, información suministrada por la propia Confederación de la Mediana Empresa (CAME).

En cuanto a la pérdida de empleo, ya no sólo en el ámbito público, podemos dar cuenta que los planes de negocios de las empresas del sector privado se resienten a partir de la caída de la demanda local. Esto ha generado que los propios empresarios comiencen a diseñar un achicamiento de su plantilla de personal. A esta situación hay que agregar la autorización de importaciones de bienes finales, que compiten de forma ventajosa con la producción nacional.

Es marcada la caída de adquisición e importación de bienes de capital por parte de las empresas Pymes ante el declive del consumo local.

Si en los planes del gobierno se incluye la profundización de una apertura indiscriminada de bienes importados, el proceso de destrucción de empleo comenzará agudizarse y las empresas orientadas al mercado doméstico se verán en graves dificultades de poder sostenerse.

En síntesis, nos encontramos en una situación en donde las políticas del gobierno se han orientado específicamente a resolver las demandas en relación a las tasas de ganancias de las grandes empresas y de los sectores exportadores, en detrimento de los asalariados. Enfriando así la demanda doméstica, incentivado y contribuyendo a generar un ciclo recesivo y de contracción económica interna.

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