CREER O REVENTAR

Artículos Una nueva unidad de mayorías 3 de abril de 2016

Pasaron los míticos cien días, y la temperatura social está en aumento. En tan poco  tiempo el macrismo ha logrado la destrucción de más de 100.000 puestos de trabajo, y una regresión del poder adquisitivo del salario que llega al 23,5% para los sectores que conforman la base de la pirámide social. En tanto la Unión Industrial Argentina, con los tarifazos sobre la mesa, advierte sobre la entrada en crisis de 7000 empresas pyme y la perspectiva de la caída de 200.000 puestos laborales más.                                                                                                                                                        o_1382043191

La inflación tomada desde diciembre hasta fines de abril, con la suba de los servicios incluida, arroja proyecciones cercanas al 24%, mientras que las consultoras privadas no bajan de un pronóstico del 38% al 40% para todo el año. Es probable que hacia el segundo semestre nos encontremos en dos dígitos de desempleo, con una contracción del PBI de -1,5% al -2%. La configuración de un escenario estanflacionario, que advertíamos a comienzos de este año, se ha consolidado definitivamente.

El escenario se completa con la aprobación del pago a los fondos buitres, abriendo un nuevo ciclo de endeudamiento con el propósito de volver al mercado de capitales con tres objetivos claros: giro de utilidades de las empresas transnacionales, financiamiento de gastos corrientes y apertura de importaciones.

La participación de la mayoría de los gobernadores y senadores del FPV en el acuerdo parlamentario para el pago a los fondos buitres, marca un punto de inflexión que cuestiona la legitimidad y representación de esa fuerza política en la cámara alta.

El voto en el senado pone sobre la mesa la cuestión de la unidad del peronismo, que, por ahora, solo logra evitar su ruptura.

Desde la Alianza Cambiemos, se ejerce una fuerte atracción que procura engullirse al peronismo despojado de kirchnerismo, es entonces que la disyuntiva se expresa nítidamente en ser una fuerza de carácter colaboracionista o de firme oposición al proyecto de restauración neoliberal.

El desafío que el movimiento nacional y popular tiene ante sí, es generar las condiciones para superar el tropiezo electoral de 2015, e iniciar un proceso de acumulación política y de construcción para una nueva unidad y una nueva mayoría de cara al 2017.

La experiencia de la campaña electoral en la primera vuelta, mostró como fallida la pretensión de ampliar la base de sustentación a partir de posicionarse en un discurso armonizador y negador de conflictos, incapaz de polarizar y disputar mayorías.

La dinámica de polarización, intrínseca del proceso de balotaje, generó un reflejo tardío y defensivo, frente a una coalición de derecha que ya había ganado la delantera. El objetivo necesario de tensionar y agudizar las contradicciones existentes se expresó con mayor nitidez en la espontaneidad de las bases no orgánicas y en la militancia, que en la propia dirigencia del FPV.

La reflexión anterior no debe llevarnos al exhibicionismo de la autoflagelación pública, confundida con autocrítica. Quienes impulsan ese debate, en realidad, pretenden esconder el error de haber utilizado un discurso sinuoso y descafeinado en la primera etapa de la campaña.

La unidad de mayoría construida a partir de 2003, y consolidada en 2005, representaba a un vasto campo político, social y cultural emergente de la crisis de 2001, que logró incluir a sectores de la dirigencia política provenientes del proceso neoliberal de los noventa, atraídos por el ejercicio del poder institucional.

El proceso de construcción de una nueva unidad de mayoría puede tomar como punto de partida lo sucedido en el periodo entre la primera vuelta y el balotaje. Momento en donde la identidad del kirchnerismo, como versión posneoliberal del peronismo, es recuperada por el colectivo y logra canalizarse electoralmente.

El cuadro socioeconómico-laboral y la capitulación ante los buitres, configuran un escenario donde la acumulación política, de cara a 2017, es posible sólo en oposición al proyecto neoliberal en desarrollo, y donde el peronismo deberá terminar de asumir al kirchnerismo como su etapa histórica contemporánea o sucumbir bajo la aspiradora de la cooptación conservadora.

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